Cómo tomamos el control de Hungría. Matyas Rakosi

La estrategia general de los comunistas en su toma del poder en Europa central y sudoriental ha sido conocida desde hace mucho mundo libre. Pero esta es la primera ocasión en que un líder de la cortina de hierro comunista ha presentado en público los detalles principales de su táctica:

(1) Establecimiento de Gobiernos de Coalición;
(2) Control de la policía y de las fuerzas de seguridad; y
(3) Eliminación o Absorción de otros partidos.

Este artículo de Matyas Rakosi apareció en el número de marzo de la revista social húngara (Tsarsadelmi Szemle). Originalmente formaba parte de un discurso el 29 de febrero de 1952, en el curso de adoctrinamiento del Partido Húngaro de los Trabajadores:

———————————————————–

A principios de 1945, cuando nuestro país había sido liberado y cuando, después de 25 años de trabajo clandestino, el Partido Comunista Húngaro fue capaz de mostrarse legal y abiertamente en la arena de la vida política, experimentamos que buena parte de nuestros hermanos comunistas no lograron darse cuenta de la estrategia y la táctica de nuestro Partido.

¿Cuáles eran los objetivos estratégicos de nuestro partido en ese momento?

Como todos los demás partidos comunistas en los países oprimidos por Hitler durante la Segunda Guerra Mundial, el Partido Comunista Húngaro consideró que su tarea estratégica más importante era destruir a los conquistadores fascistas alemanes. Con este fin, los partidos comunistas de estos países crearon coaliciones antifascistas, según las indicaciones del camarada Stalin. Estas coaliciones incluían campesinos, pequeños burgueses e incluso elementos de la burguesía media – en resumen todos aquellos dispuestos a participar en la lucha por la liberación.

Los partidos comunistas previeron que la victoria en esta dura lucha no sólo significaría la derrota de Nazismo, sino también el derrocamiento de los aliados del fascismo, de los grandes terratenientes feudales y de los capitalistas. La victoria daría por resultado la redistribución de la tierra.

Se podría prever que esta victoria, mientras lograba los objetivos de una revolución democrática burguesa, también abriría el camino hacia una dictadura del proletariado, porque estaba dirigida por la clase obrera que da poder a la gente encabezada por el Partido Comunista.

Comenzamos nuestro trabajo organizando el Frente Nacional de Independencia de Hungría.

La mayor parte de nuestros camaradas, que no conocían o no entendían este plan estratégico, aceptaron esta coalición heterogénea con asombro. ¿Con qué frecuencia oímos el siguiente reproche: “esto no es lo que esperábamos de ustedes”. Incluso nos dijeron lo que esperaban.

“En 1919”, decían, “los imperialistas derrocaron a la República Soviética Húngara con uso de fuerza armada y restauraron la dictadura de los grandes terratenientes y de los capitalistas. Ahora el Ejército Rojo nos ha liberado. Permítannos aprovechar la oportunidad y restaurar la dictadura del proletariado”.

Estos camaradas no notaban que mientras los imperialistas podían derrocar con uso de la fuerza – aunque sólo temporalmente – a la dictadura húngara del proletariado y restaurar la dictadura de la burguesía y de los terratenientes feudales, mientras el Partido Comunista no hubiera conquistado la mayoría de la clase trabajadora, el núcleo de los trabajadores -y en la primavera de 1945 esta no había sido ganada-, la dictadura del proletariado no habría podido ser establecida.

En 1945 discutimos estos problemas sólo con la limitada audiencia de las reuniones del Partido. En ese momento no discutimos el problema ante el pueblo porque incluso una discusión teórica de la dictadura del proletariado como nuestro objetivo final habría causado alarma entre nuestros socios en coalición y obstaculizado nuestros esfuerzos por conquistar a la mayoría de la pequeña burguesía, e incluso a las clases trabajadoras.

El tiempo de aclarar este problema,  en su totalidad y en detalle, había llegado. De igual forma, era hora de hacer que nuestro Partido y los trabajadores comprendieran que la creación de una Democracia Popular, como una variedad de la dictadura del Proletariado, se volvería posible sólo después de haber conquistado la mayoría decisiva de la gente de la clase obrera. Debemos enfatizar cómo el Partido Comunista ganó a la mayoría de la clase obrera, cómo convenció a las masas de los trabajadores agrícolas y cómo se crearon los prerrequisitos de una dictadura del proletariado. También debemos mostrar cómo y cuándo pasamos del primer período de la democracia popular al segundo período, la dictadura del proletariado, la construcción del socialismo. El análisis y el esclarecimiento de los problemas y la realización de las experiencias derivadas de ellos nos ayudarán en futuras luchas y fortalecerá nuestro poder de previsión y seguridad.

En primer lugar, examinemos el papel de la Unión Soviética en la creación de la Democracia popular húngara. El ejército soviético nos liberó de la terrible autodeterminación de los fascistas alemanes. Con esto abrió el camino a la evolución democrática. Es obvio que el requisito decisivo – el punto de partida en la creación de las Democracias Populares – fue la lucha y la victoria de la Unión Soviética. Sin ellos no hubiesen existido las Democracias Populares. La Unión Soviética nos protegió de la interferencia diplomática en nombre de las potencias occidentales. Nos apoyó durante las negociaciones de paz, y más tarde, cuando establecimos nuestras relaciones diplomáticas.

Todo esto naturalmente ayudó a fortalecer la influencia comunista, y las simpatías surgidas entre nuestros trabajadores para la Unión Soviética también facilitó nuestro trabajo.

Durante la tarea de reconstrucción, y desde entonces, hemos experimentado el apoyo de la Unión Soviética en cientos y cientos de formas. La mayor ayuda, sin embargo, es el consejo y las directivas de nuestro maestro y líder, el gran Stalin.

Sin todos estos factores, nuestra Democracia Popular no habría sido creada, su evolución no hubiese sido tan rápida, tan fuerte y en ausencia de cambios violentos.

Ya en la Reforma Agraria utilizamos la táctica de dividir a nuestros enemigos o neutralizarlos, si era posible. Por esta razón fijamos el límite más bajo en 200 acres húngaros (yugos), dejando así la gran mayoría de las granjas kulak sin ser afectadas. Esto fue de gran ayuda en la rápida y fluida implementación de la Reforma Agraria.

Al comienzo de la reconstrucción apoyamos a aquella parte de la burguesía que, aunque sólo temporalmente, se unieron a nosotros en este trabajo. Esto demostró ser de gran ayuda para poner en funcionamiento la intelectualidad tecnológica, que en ese momento seguía a la burguesía.

Al exigir algo, medimos cuidadosamente las posibles reacciones, y siempre que era posible comenzábamos presentando demandas modestas, evitando así que el enemigo se uniera y movilizara fuerzas contra nosotros. Luego aumentamos las demandas y usamos, siempre que fuera posible, formatos temporales.

Por ejemplo, primero exigimos sólo el control gubernamental sobre los bancos; más tarde exigimos la nacionalización de los bancos más grandes. Del mismo modo, en la industria, exigimos sólo la nacionalización de las minas; luego, gradualmente, aumentamos nuestras demandas a la nacionalización de grandes fábricas de máquinas y de la industria de la fundición. Así, la nacionalización de la industria se logró en 4-5 fases a lo largo de varios años.

Cuando terminó la guerra, tratamos de implantar evolución en la revolución socialista. El Partido de los Pequeños Agricultores y los líderes socialdemócratas lucharon por la supervivencia y el fortalecimiento del sistema capitalista. Aceptaron a la Reforma Agraria, aunque de mala gana.

En el verano de 1945 se hizo obvio que los elementos del antiguo régimen – terratenientes, banqueros, propietarios particulares, políticos partidarios de Horthy y oficiales se agrupaban en el partido de los Pequeños Agricultores. Este partido estaba apoyado también por la Iglesia, cuyos sacerdotes ocuparon posiciones de liderazgo dentro de él. Los imperialistas establecieron inmediatamente relaciones con este partido, principalmente a través de sus misiones diplomáticas en Budapest.

La fuerza relativa de los partidos se manifestó por primera vez en las elecciones de noviembre de 1945. El Partido de los Pequeños Agricultores obtuvo una mayoría absoluta – 56 por ciento de los votos. El Partido Comunista, que avanzó cabeza a cabeza con el Partido Socialdemócrata, consiguió el 17 por ciento de los votos. El Partido Campesino obtuvo un poco menos del 8 por ciento.

Durante las semanas anteriores a las elecciones se hizo evidente que el Partido de los Pequeños Agricultores había obtenido la mayoría de los votos de nuestro campesinado, y la mayoría de la pequeña burguesía.

Sin embargo, el Partido Comunista hizo uso de los resultados de las elecciones para fortalecer mucho más sus posiciones. Para ello, exigió los puestos de Viceprimer Ministro y Ministro del Interior, que, después de algún retraso, obtuvo finalmente. Con el fin de fortalecer nuestra influencia dentro del Gobierno, creamos el Concejo Supremo Económico a través del cual gradualmente llegamos a influir en posiciones claves en la vida económica. Así, a pesar de los resultados de las elecciones, nuestro Partido extendió su influencia en los campos más importantes del poder del Gobierno.

Pero los oficiales y los funcionarios del gobierno afines a Horthy comenzaron a alinearse con occidente. La purga de la maquinaria gubernamental se relentizó. Los viejos terratenientes y sus abogados se valieron de todo tipo de reclamos legales para exigir la restitución de sus tierras a los nuevos propietarios.

Bajo el impacto de esta situación, los nuevos propietarios (que totalizaron más de 500.000) acudierpn al Partido Comunista para obtener ayuda.

Al mismo tiempo lanzamos un contraataque. En aldeas y pueblos movilizamos a las masas, y en forma de “juicios populares” y “movimientos populares”, eliminamos elementos contrarrevolucionarios de la administración de esas poblaciones. Simultáneamente con esta acción nuestro Partido lanzó una campaña para desenmascarar elementos contrarrevolucionarios en el Partido de los Pequeños Agricultores. El Partido Comunista exigió que el mismo Partido de los Pequeños Agricultores debía tomar medidas contra sus elementos reaccionarios para ayudar a asegurar el resultado de la Reforma Agraria y despedir de sus filas a todos los contrarrevolucionarios más conocidos. Estas demandas fueron abiertamente apoyadas por la Izquierda del Partido de los Pequeños Agricultores.

Por iniciativa de nuestro Partido se formó un bloque de izquierda dentro del Frente Independiente a principios de marzo de 1946, que aparte del Partido Comunista, el Partido Socialdemócrata y los Partidos Campesinos, incluía también al T.U.C. La nueva organización, cuyos partidos ganaron casi el 42% de los votos en las elecciones, demostraba que la influencia del Partido Comunista sobre la clase obrera y los campesinos pobres había aumentado.

Para acentuar sus demandas, el bloque izquierdista a principios de marzo organizó una demostración de trabajadores en Budapest. Ante el amenazador efecto de la formidable reunión de masas de más de 40.000 manifestantes disciplinados, el Partido de los Pequeños Propietarios tuvo que cumplir con nuestras demandas y excluir a 21 de sus diputados más comprometidos. Se acordó que bajo ninguna condición se debían remover nuevos terratenientes; que después de la nacionalización de las minas de carbón, petróleo y bauxita también se nacionalizarían, que los bancos serían tomados bajo supervisión, que las obras de Manfred Weisz en Csepel, las fábricas de Ganz, las obras de Ozd Metallurgy serían asumidas por el Estado y que los comités de purga del aparato estatal de elementos radicales incluirían representantes de los sindicatos.

Así, cuatro meses después de la victoria electoral del Partido de los Pequeños Agricultores, se produjo un nuevo giro: a pesar de no haber sido un ataque general al capitalismo, tomamos posiciones avanzadas vulnerables, lo que facilitó nuestro progreso hacia la dictadura del proletariado.

En la continuación del exitoso contraataque en marzo de 1946, el desenmascaramiento, la eliminación y el aislamiento de los elementos radocales del Partido de los Pequeños Agricultores continuo sin interrupción. El Partido de los Pequeños Agricultores continuamente obligado a excluir o eliminar miembros individuales o grupos de miembros así comprometidos.

Este trabajo, que llamamos “Tácticas Salami”, con el cual cortamos en rebanadas la reacción oculta en el Partido de Los Pequeños Propietarios. En esta lucha incesante, desgastamos la fuerza del enemigo, reducimos su influencia y al mismo profundizamos nuestra propia influencia.

El Partido de los Pequeños Agricultores rechazó la sugerencia del Partido Comunista de nacionalizar los molinos de harina, de hacer que kulaks y terratenientes pagaran los “rendimientos de cultivos”, e instituir una tasa de propiedad.

El Tercer Congreso del Partido Comunista pidió a fines de septiembre de 1946 esbozar más decididamente el camino en el que partimos en marzo. Sus eslóganes eran: “Expulsen a los enemigos del pueblo de la Coalición”; “Construimos el país para el pueblo, no para los capitalistas”.

El objetivo más importante del Congreso fue el establecimiento de una Democracia Popular, porque sólo por medio de ella podría nuestro país avanzar hacia el socialismo sin guerra civil.

Mientras tanto, la reacción recobró nuevas esperanzas en las próximas negociaciones de paz. Se consideró que algunos meses después de la conclusión del Tratado de Paz, las tropas soviéticas dejarían el país.

Los comunistas tomaron represalias descubriendo la “conspiración”. Las luchas agudas del invierno de 1946-47 se centraron alrededor de ella. En esto los Pequeños Propietarios fueron apoyados por los socialdemócratas.

Al terminar la conspiración se hizo evidente que sus hilos conducían a uno de los ministros e incluso al Secretario General del Partido de los Pequeños Agricultores, Bela Kovacs.

En el curso de la liquidación de la conspiración, el Partido de los Pequeños Agricultores se vio nuevamente obligado a excluir un número de sus miembros, de los cuales muchos fueron encarcelados como conspiradores.

Finalmente, se descubrió que el Primer Ministro, Ferenc Nagy, que estaba de vacaciones en Suiza, era el verdadero líder de la conspiración. Prefirió renunciar y permanecer en Suiza que regresar a Budapest para enfrentar los cargos contra él.

Tres días después, el sacerdote católico Bela Varga, Presidente de la Asamblea Nacional perteneciente al Partido de los Pequeños Propietarios, quien también se había mezclado en la conspiración, escapó del país.

Al desenmascarar a los conspiradores logramos liberar a una gran parte de los campesinos de los Pequeños Propietarios de la influencia de los radicales. Así, el Partido de los Pequeños Agricultores comenzó a desmoronarse.

En esta posición dejamos al enemigo sin tiempo para reorganizar y reagrupar sus filas, pero propone nuevas elecciones en las semanas en que había la mayor confusión, impotencia y rivalidad entre los nuevos partidos de oposición reaccionarios.

Los imperialistas occidentales ahora intentaron empujar al Partido Socialdemócrata en primer plano contra el Partido Comunista.

Retrocedimos con vigor, señalando que había llegado el momento de realizar una unidad orgánica de los trabajadores, unificando ambos Partidos. Los socialdemócratas fueron forzados a firmar un boleto electoral conjunto con el Partido Comunista.

Los resultados electorales de 1947 mostraron un aumento de 40 por ciento del voto comunista, lo que significó que la mayoría de los trabajadores industriales habían empezado a alinearse con el Partido Comunista.

Después de las elecciones, nuestros enemigos hicieron otro esfuerzo para expulsar a los comunistas del gobierno, incluso exigiendéndolo al Ministerio del Interior. Nuestro Partido rechazó enérgicamente estas pretensiones.

A fines de septiembre de 1947 se formó un nuevo Gobierno, en el cual, manteniendo los cambios en las condiones, el papel dirigente del Partido Comunista se hizo aún más visible. Entonces aceleramos la tasa de desarrollo. El traidor Partido Pfeiffer fue disuelto.

Esto fue seguido en pocos días por otro paso importante: la nacionalización de los grandes bancos, con la cual gran parte de la industria húngara se nacionalizó. Esto profundizó aún más la influencia de nuestro Partido sobre las masas trabajadoras. Nos permitió dar un golpe decisivo contra las fuerzas hostiles que se escondían en el Partido Socialdemócrata. Creamos un comité especial para este propósito, desenmascarando cada vez más abiertamente y rigurosamente las maquinaciones con las que los dirigentes socialdemócratas obstaculizaron el desarrollo de Democracia popular.

La lucha por ganar la mayoría de los obreros industriales terminó con la victoria de los comunistas y la derrota total del Partido Socialdemócrata. En junio de 1948 los dos partidos se unieron sobre la base de los principios Leninistas-estalinistas.

Nuestro partido adquirió el apoyo de la mayoría decisiva de las masas trabajadoras y aseguró la creación de la dictadura del proletariado con la ayuda de la correcta aplicación de las tácticas bolcheviques. El Partido Comunista obtuvo el papel principal en el Gobierno, nacionalizó las minas, controló las fuerzas armadas, rompió el viejo aparato de Estado y comenzó a construir uno nuevo de entre las filas del proletariado.

Mientras nuestras ambas manos estaban comprometidas en poner de nuestro lado a las masas de obreros y campesinos, prácticamente aplazamos nuestra lucha por ganar el ejército. Logramos esto al impedirle al Ejército
Alcanzando la fuerza permitida en el Acuerdo de Armisticio y en el Tratado de Paz.

Hasta 1948 la fuerza del ejército era sólo 12.000 hombres, en lugar de los concedidos 65-70.000, y la mayoría incluso de esa pequeña fuerza se extendió en pequeñas patrullas a lo largo de las fronteras.

En Budapest, donde se decidió el destino político del país, no había ninguna guarnición militar, de modo que a veces tuvimos dificultades en la selección de una empresa representativa para la instalación de Embajadores.

Pero incluso en este pequeño ejército, la lucha de cerca se hizo para cada puesto en la línea de mando, desde suboficiales hasta generales.

Cuando, sin embargo, la lucha a nivel político ya había sido decidida, las condiciones dentro del Ejército habían cambiado también. Estábamos entonces en condiciones de asegurar que el Ejército se convirtiera realmente en un Ejército Popular. Cuando en la caída de 1948 nuestro Partido tomó posesión del Ministerio de Defensa, un comienzo pudo hacerse con el desarrollo energético del Ejército.

Una lucha desesperada también continuaba en todo momento dentro de la fuerza policial, la cual nuestro Partido había tomado en sus manos.

Hubo una única posición, cuyo control fue reclamado por nuestro Partido desde el primer minuto, y donde no había disposición a considerar ninguna distribución de puestos ni nombramientos de acuerdo con la proporción de la fuerza de los partidos en la Coalición. Esta era la Autoridad de Seguridad del Estado. Sosteníamos firmemente esta organización en nuestras manos desde el primer día de su establecimiento. Nos cercioramos de que permaneciera como una arma confiable y aguda en la lucha por la Democracia Popular.

Original en inglés en: https://www.cvce.eu/en/obj/matyas_rakosi_how_we_took_over_hungary-en-9a19d06e-4163-4f31-b2c9-1bc9e65a380a.html

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s